miércoles 12 de enero de 2011

Decisiones que hay que tomar

En la vida, las decisiones no son siempre fáciles. Más bien las decisiones suelen complicarse a medida que tu edad avanza. Antes, con veinte la decisión más dura que elegir era la marca de condones a utilizar. Ahora con casi treinta y ocho influyen otros factores que te ponen trabas en tus decisiones. Me voy a explicar. Hace un tiempo entré a trabajar en la empresa donde estoy ahora. Concretamente dista cuatro años con respecto al día de inicio de mi andadura aquí. Pues pasado un año se me preguntó si conocía a alguien para ocupar un puesto en mi mismo departamento y quise elegir a un amigo que se dedicaba a lo mismo y que en su empresa no lo estaba pasando nada bien. Le entrevistaron, pasó los filtros necesarios y se incorporó en plantilla. Tres años más tarde, conmigo ejerciendo un puesto superior al que tenía entonces y tras varios desafortunados incidentes ocurridos se me pide que participe a escondidas de su defunción laboral aquí. Y digo a escondidas porque para la empresa, esa que le dio acogida, lo vital es que él no se entere hasta que tomen realmente una decisión. Y claro, de decisiones iba este texto y ahora la tengo yo. ¿Qué hacer?. Puedo permanecer callado, reverenciando a la empresa y escondiéndole a mi amistad su negro futuro o puedo revelarme, contárselo y sentirme al menos algo mejor de lo que me siento, pero pudiéndome llevar el látigo de la empresa en mi camino y no ser uno, sino dos los que encontramos la puerta que conduce a las frías baldosas de la acera en la calle. Y la pena, la amarga y dolorosa pena es que si miro desde la perspectiva de la empresa veo que en parte razón no les falta. No sé si para despedir a alguien es suficiente, pero si para comprobar que no todos estamos hechos para todos los lugares y quizás este no sea el lugar idóneo para mi amigo. Y para rizar el rizo de lo doloroso, se me ha pedido un listado de errores de esa persona, como para no solo matarlo sino además certificar su muerte con pruebas y eso, perdónenme pero ya pasa de castaño oscuro. En difícil tesitura me encuentro y me duele porque por un lado puedo perder un compañero y además su amistad y por el otro, puedo perder su amistad y además un compañero. ¿Quién se acordará de nosotros cuando estemos muertos? La fría acera de la calle al menos sabrá que anduvimos por ella …

1 comentarios:

Jenofonte dijo...

Es complicado, es entendible lo que dice porque ninguna empresa puede estar obligada a mantener un empleado que no sirve para el puesto (si nosotros fuéramos los empleadores, ¿lo haríamos?) pero lo que no entiendo es ese empeño de hacer las cosas entre gallos y medianoche, oculta y arteramente, y además sacando las castañas con la mano del gato (gato amigo,para más remate). Aunque después de todo ¿a qué empresa le importa el gato?.

Muere, pero ayuda a tu compañero
Alexander Suvorov

P.S. Claro que reconozco que es muy fácil decir y muy difícil el hacer...